El término SPA proviene de la expresión latina “SALUS PER AQUAM”, es decir, “la salud a través del agua”. Mediante esta expresión, los romanos hacían referencia a las propiedades terapéuticas de los tratamientos con agua y sus variantes.
En la actualidad, la falta de tiempo y el estilo de vida urbano, han hecho que se vaya mas allá, introduciendo en las cabinas de belleza, las prestaciones que ofrece un centro termal o de balneoterapia, eso sí, adaptándolas al reducido espacio y el poco tiempo de los que se dispone en un centro de belleza.
Es la nueva filosofía SPA, que mantiene vivo su principio de “ CUERPO, ESPÍRITU Y MENTE”, pero adoptando una visión mucho mas amplia, ya que aunque el agua continúa siendo un elemento protagonista, ahora irá acompañado de nuevas técnicas, incorporando elementos naturales como los aceites esenciales, las sales marinas, los fangos o las algas. Todo ello, con el principal objetivo de conseguir el descanso, la relajación, la curación y, en definitiva, el bienestar físico y psíquico que el estrés cotidiano degrada.
Conforme a este concepto vanguardista de la belleza, la cosmética desarrolla productos basados en estos elementos naturales tan beneficiosos, que deben cumplir la condición de ser, sobre todo, combinables entre ellos, con el fin de criar una cosmética a la medida de las necesidades del caso que se esté tratando, adaptándose a cada cliente y a cada sesión, y consiguiendo siempre la máxima eficacia a través de la personalización constante.